Editorial de El Periódico de Aragón
El empeño del Gobierno de Aragón por desarrollar Gran Scala a cualquier precio alcanzó ayer su cota máxima, al conocerse que está dispuesto a la expropiación de los terrenos necesarios para implantar la macrociudad de ocio y juego. Sería la primera vez que la Administración recurre a este sistema normalmente usado en proyectos de interés a una mera “idea” que, según terminología exacta del presidente Iglesias, es el estado en el que se encuentra hoy Gran Scala. El empecinamiento del vicepresidente Biel para demostrar que el plan sigue vivo, e incluso reforzado, pese a las evidencias sobre la dudosa solvencia de una parte de las sociedades promotoras, es absoluto. Ninguna de las informaciones publicadas por este diario sobre pufos pasados de ciertos socios y sobre las dudas en el proceso de gestación de Gran Scala ha sido desmentida, ni siquiera matizada. Y, en cambio, la parte PAR del Ejecutivo desoye en una absurda huida hacia adelante las lógicas reacciones de estupor que han generado entre la oposición y los colectivos sociales. Gran Scala será o no, pero necesita las formas y la transparencia suficientes como para ser creíble desde el principio. Y la credibilidad no depende de la pompa de las afirmaciones de un vicepresidente que gasta mucha prosopopeya en situaciones complicadas, sino de los hechos. El famoso aval para señalar suelos puede ser uno de ellos, pero no el único. Los proyectos y las empresas necesitan por suerte algo más que la mera garantía económica.