GRAN SCALA: ¡ESTO ES JAUJA!

Por Javier Delgado

Insistentes noticias nos llegan como una lluvia de manzanas de oro: Aragón puede ser territorio (se diría que privilegiado) en el que se establezcan  multinacionales empresas de entretenimiento. La opinión de los máximos representantes políticos y empresariales del lugar coincide: se trata de una posibilidad francamente deseable. No es de extrañar: hace ya unos años que han focalizado sus respectivas inversiones en la Expo 2008 que, bien mirada (hay quienes la miran mal, pero esa es otra cuestión), no es sino una gran empresa de entretenimiento.


Esta coincidencia marca un hito en la historia de Aragón: nuestro siglo XXI ha comenzado a rodar impulsado por un motor que funciona sencillamente para funcionar, sin que se espere de él que produzca nada más que su propio movimiento. Se trata, por si fuera poco, de un movimiento muy especial: atraerá y repelerá multitudes, pero no parece preverse ni entrada de materia prima ni salida de producto elaborado. Hasta ahora los debates sobre nuestro futuro económico se centraban en la cualidad de las materias sobre las que se ejercería alguna acción y en la de las materias resultantes de la misma.  Eso ya es historia.

Pero hay más sorpresas. La revolución industrial y la revolución tecnológica no habrán sido nada comparadas con ésta que se avecina. Hasta ahora el ser humano había sido cosificado en todo lo posible para hacerlo compatible con la productividad de las máquinas mediante las que se producían nuevos objetos. En adelante, se le pedirá que se humanice tanto cuanto pueda, pues será el propio ser humano la materia prima sobre el que actuará la acción industrial. ¡He ahí el verdadero descubrimiento! ¿No es un gran adelanto? ¡Así pues, sí hay materia prima, sí hay producto final!

 ¿Cuál  puede ser el combustible que mueva ese motor que no moverá nada? Una materia no contaminante (como exigen los tiempos), una pulcra ecuación económica que, superado la obsoleta I+D (Investigación y Desarrollo) significa una nueva conquista del genio empresarial: I+E (Inversión en Entretenimiento) hará el milagro de hacer funcionar una gran industria dedicada a la transformación del individuo humano común en individuo humano entretenido.

 La prueba de la novedad económica que dicha ecuación promueve no puede ser más patente en su invisibilidad: lejos de la patraña de los siempre externos objetos consumibles, el individuo se consumirá a sí mismo muy entretenidamente, ¡dejando ganancias por ello! Ya no harán falta evidencias tangibles de su productividad ni de su consumo: será solamente en su intimidad donde se produzca el hecho económico (que es donde en realidad lo ha hecho siempre: las apariencias  engañan). Se trata, pues, también, de una conquista científica, en el terreno de la verdad.

 ¿Y acaso no es ésa la única finalidad que deberían proponerse todas las industrias? Individuos entregados al entretenimiento, a un extremo y otro de  una literalmente fabulosa cadena de montaje. Productores y consumidores del entretenimiento, turnándose a tiempo parcial. Hace tiempo que deberíamos cobrar sencillamente por entretener a los demás y dedicar nuestros sueldos a que nos entretengan. La industria, por fin, reconoce en sí misma la esencia intangible del arte. ¿Hay algo más parecido a la felicidad?

Artículo publicado en “Opinión” de Heraldo de Aragón el miércoles 28 de noviembre de 2007                                                                                 

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