REPORTAJE Las Vegas, Macao, ¿Los Monegros?

Fuente: El País (25/11/2007)

El altisonante anuncio de un gigantesco proyecto de casinos y ocio sacude la sufrida comarca aragonesa.

Javier se acerca al televisor y pone el volumen a todo trapo. Acaba de terminar su jornada en la cooperativa y se ha reunido con los colegas en el bar La Chipranera. Todos los jóvenes del pueblo esperan el gran momento, ¡Castejón en la tele!

Castejón de Monegros es un pueblo de menos de 600 habitantes en el corazón de esta fascinante, pobre y desértica comarca aragonesa, a tres cuartos de hora de Zaragoza.

Uno a uno, van saliendo en pantalla los personajes del pueblo, entrevistados en Aragón Televisión. Las risas se desatan, unos gritan y otros piden silencio, no se oye nada, “¡mira, ahí está Miguel!”. Euforia, carcajadas y un gigantesco “buuh” cuando el reportaje se traslada al pueblo vecino, La Almolda, otro de los supuestos candidatos a albergar Las Vegas II. Castejón no tiene agua para regar, es un pueblo olvidado, quedan pocos jóvenes, la mayoría se fue a trabajar a la ciudad.

“¡Que no me toque la lotería de Navidad este año para que salga esto. Esto se hará realidad, esto va p’alante!”, proclama eufórico y a voz en grito Javier, copa en mano, dando grandes zancadas por la Chipranera, electrizada ante la aparición de Castejón en los medios de comunicación. Por fin se habla de ellos, después de años a la deriva, y aún recuerdan los ochenta, cuando venían a tocar “los números uno, Romina y Albano, el Dúo Dinámico”.

Javier tiene 27 años y trabaja en la cooperativa Monegros de Sariñena. Empaca paja y alfalfa para las ovejas. Muchos de sus amigos se fueron a Zaragoza. “¡Ya me estoy viendo de gerente de uno de los casinos!”, grita eufórico, con su mono de trabajo de campo, y se ajusta entre risas un nudo ficticio de corbata.El bar La Chipranera es pura fiesta.

“Todo esto me recuerda a Bienvenido Mr Marshall”, dice desde la barra Maria Dolores, maestra de escuela, de 54 años. “¿Y eso qué es?”, le pregunta Jessica, la novia de su hijo. “Una película antigua, que vienen unos americanos a un pueblo…”

Cuatro parques temáticos, cada uno tan grande como Port Aventura. Más casinos que en Las Vegas o en Macao, podría haber 32 hoteles-casino. Una inversión de 15.000 millones de euros, multiplicando por 10 la presupuestada para la Expo 2008. La colección de cifras de vértigo que ha acompañado al anuncio de este proyecto despierta tanto entusiasmo como incredulidad. “Están jugando con las ilusiones de la gente, en el medio rural la vida es dura y hay quien sueña con dar el pelotazo vendiendo unas tierras”, asegura Adolfo Barrena, diputado y portavoz de Izquierda Unida en Aragón.

La especulación es lo que manda estos días. La especulación en torno a cuál será el emplazamiento de este megaproyecto, del que se sabe poco y en el que hay todavía muchas cosas en el aire. Jaume Riera, de la empresa de servicios Riera y Carrera Asociados, que es, dice, el único socio español en este conglomerado de 12 empresas mayoritariamente europeas, da algunas claves: están buscando clientes que se sumen al carro, hoteles y parques que quieran formar parte de Gran Scala, que así es como lo han bautizado; han decidido apostar a lo grande, “estos proyectos o son grandes, o no son”; y el 12 de diciembre se presentan en sociedad. Al frente del conglomerado está Aristocrat Technologies, una firma australiana que, según fuentes del gobierno aragonés, es la número uno en equipamientos de juego del mundo y, según Riera, es la número 2. “Aún queda mucha tela por cortar”, reconoce Riera. ¿Será que el anuncio del proyecto es una manera de tantear el terreno?

El Gobierno de Aragón presenta la cuestión como una gran oportunidad que no se puede dejar pasar. Internacional Leisure Development (ILD), la empresa que aglutina a los socios, ha sido creada ex profeso para este proyecto. El único cliente que se ha apuntado a la aventura es Spyland, parque temático sobre espías (que también desarrollará Acquántica, sobre agua). Su coordinador general, Didier Rancher, confirma que es la primera vez que montan un parque de estas características, que llevan 2.700.000 euros gastados y dice que esto tiene que salir. Spyland estuvo a punto de ir a Dubai y a Valence, en Francia. La posición estratégica de Monegros, equidistante de Valencia, Madrid y Barcelona, es un plus.

“Es un proyecto grandilocuente y despilfarrador que además va contra los esfuerzos por detener el cambio climático, contra el desarrollo sostenible”, manifiesta Adolfo Barrena, de IU. “Menos sostenible sería que dentro de diez años quedaran tres abuelos en el pueblo”, contesta Gerardo, acodado en la barra de La Chipranera. Maria Dolores, la maestra, sueña con una estación de AVE en la zona. “La única incógnita”, reconoce Riera, “es si el proyecto será tan grande como se ha planteado o si será un poco más pequeño”.

Fuentes del Gobierno de Aragón hablan de 20 millones de visitantes al año. De cerca de 30.000 empleos. Las cifras bailan y los sueños se disparan en Monegros.

“A buen comprador… la capa”

Villafranca de Ebro también está agitada. Situada a las puertas de Monegros y mucho más cercana a Zaragoza, a apenas 30 kilómetros, vive días revueltos por las especulaciones de los medios locales, que apuntan a que hay movimientos de empresas que tienen opciones de compra en terrenos de su término municipal.

Suena una jota distorsionada por los altavoces de este pueblo, de menos de 800 habitantes, y por megafonía se anuncia que hoy toca comprar los bonos que financiarán las próximas fiestas de la patrona, Santa Bárbara, el próximo 4 de diciembre. Los vecinos señalan que si queremos ver las tierras donde podría estar ubicado el megaproyecto, que subamos en dirección a Monegrillo, cerca de por donde pasa la autopista a Barcelona. Allí hay un coto de caza silencioso donde sopla el viento del desierto y donde las perdices caminan erguidas y a sus anchas por una vieja carretera secundaria. La tierra es dura y agrietada en esta zona. Blanquecina, rocosa.

Un agricultor cierra la bomba de agua con esfuerzo, aquí sí que hay regadío y él posee tierras por esta zona. Prefiere no identificarse, no sea que los del pueblo piensen que quiere promocionarse, pero deja claro qué haría si le hicieran una oferta: “A buen comprador, la capa”. El alcalde de Villafranca de Ebro, José Antonio Moreno, dice que “ojalá” cayera la breva, pero que no hay nada oficial, él no sabe nada de opciones de compra ni nada.


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