Una grieta en la coalición

Fuente: El Periódico de Aragón  

La gestión política de Gran Scala junto con algunas acciones de Medio Ambiente han destapado una fisura en el Gobierno autónomo Los consejeros Larraz y Boné y el vicepresidente Biel son los protagonistas.

El entusiasmo gubernamental por la llegada de Gran Scala tiene en el envés una arista puntiaguda: unas relaciones cada vez más resquebrajadas entre el consejero de Economía, Alberto Larraz, y dos de sus compañeros aragonesistas en el Consejo de Gobierno, el vicepresidente, José Ángel Biel, y el titular de Medio Ambiente, Alfredo Boné. Nunca ha habido un relación de intereses fluida entre los socios del PAR y el responsable económico del Ejecutivo autónomo, pero los últimos acontecimientos han evidenciado la tensión existente, que esta semana se ha materializado en una enmienda a los presupuestos presentada por el PAR y rechazada por el PSOE tras no contar esta con el visto bueno del consejero de Economía. Las conversaciones han sido frenéticas en los últimos días para que finalmente se acepte la enmienda, pese a que Larraz sigue en sus trece y solo la intervención de los máximos responsables del Gobierno permitiría incluir la adición.
Números y política

“Con Bandrés se entendían mejor. Ponía menos peros, tenía una flexibilidad mayor con el PAR y eso les facilitaba las cosas”, afirma una de las personas conocedoras de la mala relación existente entre estos dirigentes. Un alto cargo del Pignatelli comprende la tensión: “Un consejero de Economía es la cabeza racional del Gobierno. Y eso es lo que le sucede a Larraz. Es el Solbes de la DGA y el que tiene que poner sosiego a los proyectos que lanzan sus compañeros. Una cosa son las ideas y otra los números reales. En ocasiones los consejeros de Economía saben más de números que de política. Hacen el papel de malos y tienen que bajar muchas veces el balón al suelo”, asegura.

Esta crisis, que está llegando a afectar a la relación personal de sus protagonistas, tuvo un punto culminante. Larraz fue uno de los últimos en enterarse del proyecto de ocio de Los Monegros. El hecho de que recibieran más información ciertos lobis y algún directivo de algún medio de comunicación antes que el titular de Economía irritó a este. “Es cierto que se enteró tarde, pero no fue el único. También les pasó a otros y comprendieron los motivos”, apunta una persona que ha seguido de cerca la gestación del proyecto. Esta persona se refiere, entre otros, al consejero de Política Territorial, Justicia e Interior, Rogelio Silva, que tampoco conocía bien los entresijos de la operación.

Tanto las personas implicadas como las fuentes oficiales del Pignatelli desmienten la mala relación, y mucho más que esta pueda pasar factura. E incluso han intentado demostrar públicamente, sin demasiada verosimilitud, que no hay ningún problema. Desde el PAR se dan siempre tres argumentos para refutar las voces que confirman las desavenencias: “Hay que ser torpe para llevarse mal con Biel”, “el interlocutor de Biel es el presidente y ambos tienen una extraordinaria sintonía que va más allá de la política” y “con el vicepresidente es imposible llevarse mal”. Sin embargo, incluso en algunas reuniones del Consejo de Gobierno se ha evidenciado una distancia que ha llamado la atención a distintos responsables del Ejecutivo autónomo. En uno de los últimos, hubo palabras más altas que otras, algo que todos saben que irrita especialmente a Marcelino Iglesias, quien no admite que se llegue con discrepancias internas a estas reuniones de decisión.

Pero es rotundamente cierto que el jueves, en la sesión plenaria, Boné no estaba atento a las iniciativas parlamentarias. Cruzó llamadas con el vicepresidente y discutió telefónicamente con Larraz pidiéndole que recapacitara sobre la enmienda rechazada por su partido. La conversación fue acalorada y al día siguiente también se le pudo ver con su líder con un semblante muy serio. En el trasfondo, los informes de Economía que tildan de deficitario el plan de depuración impulsado por Boné. Este ha asegurado que los datos que maneja el Departamento de Economía son “erróneos”.
Sintonía personal

“En una coalición siempre se dan diferencias de criterio, también en esta, pero la sintonía es muy buena y la complicidad entre Biel e Iglesias es absoluta. Esto permite que los conflictos se reconduzcan y no vayan a mayores”, apuntan fuentes aragonesistas. La “falta de cintura política” es una de las cuestiones que más se reprochan a Larraz, que por otro lado es uno de los pesos pesados orgánicamente hablando del partido socialista en la DGA. Los afines a Larraz consideran que si los responsables del PAR tuvieran “menos afán de protagonismo” sería todo más sencillo.

Tras conocerse el macroproyecto de Gran Scala, un periodista preguntó a Larraz en rueda de prensa hasta tres veces si el complejo era un proyecto del PAR. Las respuestas del consejero denotaron su incomodidad, tirando balones fuera. No fue la única vez. Tras un consejo extraordinario en el que, entre otras cuestiones, se aprobó la corporación de empresas públicas, volvió a suceder. Preguntado sobre qué otros acuerdos se habían adoptado en ese consejo y también sobre Gran Scala, el consejero respondió vehemente que eso eran cosas “del portavoz”. El comportamiento en esta reacción, a priori subjetiva, no pasó desapercibido a sus compañeros.

Ese día no hubo rueda de prensa posterior del portavoz, pero en cambio Larraz sí convocó precipitadamente a los medios para explicar en su sede de la Plaza de Los Sitios la corporación de empresas públicas, en la que tuvo que ceder mucho para favorecer los intereses aragonesistas y, una vez más y en contra de sus pretensiones iniciales, algunas de las adscritas a la Consejería de Medio Ambiente. “Claro que ha habido discrepancias, públicamente reconocidas, por la corporación, pero en qué gobierno no hay diferentes pareceres cuando se sacan adelante iniciativas complejas”, aseguran desde el Pignatelli.

Pero aún ha habido otro silencio significativo. Hace dos plenos, el PP preguntó a Larraz por Gran Scala. Cuando todos esperaban que fuera él quien compareciera, fue el vicepresidente quien tomó la palabra para explicar los pasos dados. El procedimiento permite a un miembro superior del Gobierno hacerlo, pero es poco habitual. Es una muestra más de que Biel se siente más cómodo que Larraz explicando Gran Scala. Eso a pesar de que el número dos del Gobierno siempre que puede expresa “la alegría del consejero de Economía” por saber que el complejo puede dejar anualmente entre 600 o 700 millones de euros. El 15% del presupuesto anual de Aragón.

La sangre no llegará finalmente al río, pero varias fuentes consultadas aseguran que desde hace dos años, cuando Iglesias tuvo que intermediar entre Biel, Boné y Belloch, no había habido una crisis tan clara. Algunos creen que podría haber consecuencias políticas antes del verano. Otros, sin embargo, confían en la habilidad política del presidente para que esto no sea más que una discusión pasajera en una coalición idílica.

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