La Almolda, desinflada

Fuente: El Periódico de Aragón

“No sé si harán Gran Scala, pero a este paso, lo que van a tener que hacer es ampliar el cementerio. Aquí, vivos, ya quedamos pocos”. Un vecino sentencia con resignación a la puerta del Ayuntamiento de La Almolda. Son las ocho de la tarde, los últimos críos que juegan se recogen. Huele a tierra mojada y purín. Algún despistado se acerca a la plaza, porque no sabe aún si habrá asamblea vecinal. Los más enterados le dicen que se ha suspendido: “Es que lo han publicado y no quieren que venga gente de fuera”, explican a los escasos reporteros que han acudido en busca de más información de la que ofrece el Pignatelli.

“Todo son rumores, y la gente se empieza a cansar. Hay opiniones para todos los gustos. Como en todo. Gente que quiere que venga el proyecto y otra que no. El proyecto nos dará vida, la que no nos da el cereal”, afirma un tractorista que vuelve a casa y que no quiere ni fotos ni dar su nombre. Hoy ha llovido en La Almolda, un pueblo que se cobija bajo Santa Quiteria y que la lluvia, en un día como el de ayer, se convierte en una ironía. Muchas casas están cerradas y otras se encienden cuando sus dueños regresan del trabajo de Zaragoza. Alguno presume de tener información privilegiada. Y dicen que la alcaldesa ha sido llamada a capítulo al Pignatelli. A la reunión de la que debe salir la resolución primordial para que todo funcione: atar el suelo.
Tierra de 84 propietarios

Son 84 los propietarios que tienen tierras en las 2.500 hectáreas con posibilidades de albergar el macroproyecto de juego y ocio que, hoy, tiene encima más dudas que nunca. Tal vez esta misma mañana, o la semana que viene, esté resuelto. Haya un aval y algunos respiren tranquilos. Pero la impaciencia empieza a cundir en La Almolda. “No hay que dudar del Gobierno de Aragón. Hombre, las noticias que aparecen inquietan, y nos da reparos, pero esto no se puede ir abajo”, apunta una vecina, en la puerta de la tienda-estanco.

Jesús es más escéptico. Y crítico con la gestión. “Estaba todo hecho pero la verdad es que aquí no se mueve nada”, indica. Algunos, desde que se retiró “Don Hipólito” (Gómez de las Roces), ya no confían demasiado en soluciones milagro. Ríen cuando se les pregunta por Aliaga. “Vinieron un día aquí y nos explicaron, pero desde entonces, ya no sabemos nada”.

En el pueblo hay muy poco movimiento. Y casi nadie quiere hablar. De pronto, en una cuesta del pueblo en la que se intuyen los llanos destinados para albergar el complejo, dos hombres y una mujer conversan y miran a hurtadillas. Cuando se percatan, se dispersan, y la señora entra apresurada a una vivienda. Por el garaje. Alguien pasa por ahí y señala: “Es la alcaldesa”. Los dos medios que pasean por La Almolda se dirigen a preguntarle el motivo de la suspensión de la asamblea. Llaman al timbre. Un señor, muy amablemente, jura que no hay ninguna señora en la vivienda. Y cuando se le pregunta por el proyecto, con la misma amabilidad y cortesía (que caracteriza a la mayoría del municipio), afirma no saber nada.

En esta truculenta historia, en la que quien aporta informaciones sobre cómo llegó a Aragón este proyecto-idea recibe el sambenito gubernamental de ir contra Aragón, los almoldanos se sienten un poco paganos. Aunque saben que esto puede cambiar con la compra. Se asegura que está ya hecho, “pero no llega y nadie dice nada”. Y se empiezan a cansar. Aguardan inquietos “noticias buenas”. En la última semana nadie ha querido decir qué garantías aportaron al Gobierno de Aragón unos inversores que quieren llevar 17.000 millones a Los Monegros (por tener un clima privilegiado, dijeron) pero que llevan cinco meses atascados en la compra de unas tierras que ni se riegan ni se cosechan. “El problema es que hay cuatro o cinco con mucho suelo, y esos no tienen ningún reparo, porque también tienen mucha más capacidad negociadora que los que tienen solo 10 ó 12 hectáreas, que no lo acaban de ver tan claro. Esos cuatro o cinco propusieron a la alcaldesa enviar la carta a los propietarios, seguro, y no fue mala idea”, apunta un vecino. Otro, socialista, dice estar convencido y de buena fuente que su partido, en el Pignatelli, no cree demasiado en el proyecto. Pero callan. Como en La Almolda, que continúa expectante.

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